domingo, 29 de marzo de 2009

Boletín y Elegía de las Mitas




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César Dávil Andrade



I

Yo soy Juan Atampam, Blas Llaguarcos,
Bernabé Ladña, Andrés Chabla, Isidro
Guamancela, Pablo Pumacuri, Marcos Lema,
Gaspar Tomayco, Sebastián Caxicóndor.
Nací y agonicé en Chorlaví, Chamanal, Tanlagua,
Niebla. Sí, mucho agonicé en Chisingue,
Naxiche, Guambayna, Poaló, Cotopilaó.
Sudor de Sangre tuve en Caxají, Quinchiriná,
en Cicalpa, Licto y Conrogal.
Padecí todo el Cristo de mi raza en Tixán, en Saucay,
en Molleturo, en Cojitambo, en Tovavela y Soria.
Añadí así, más blancura y dolor a la Cruz que trajeron
mis verdugos.


III

A Melchor Pumaluisa, hijo de Guápulo,
en medio patio de hacienda, con cuchillo de abrir
chanchos
cortáronle testes.
Y, pateándole, a caminar delante
de nuestros ojos llenos de lágrimas.
Echaba, a golpes, chorro de ristra de sangre.
Cayó de bruces en la flor de su cuerpo.
Oh, Pachacámac, Señor del Infinito,
Tú, que manchas el Sol entre los muertos.

IV

Y vuestro Teniente y Justicia Mayor
José de Uribe: “Te ordeno”. Y yo,
con los otros indios, llevábamosle a todo pedir,
de casa en casa, para sus paseos, en hamaca.

Mientras mujeres nuestras, con hijas, mitayas,
a barrer, a carmenar, a texer, a escardar;
a hilar, a lamer platos de barro –nuestra hechura-.
Y a yacer con Viracochas,
nuestras flores de dos muslos,
para traer al mestizo y verdugo venidero.


V

Sin paga, sin maíz, sin runa-mora,
ya sin hambre de puro no comer;
sólo calavera, llorando granizo viejo por mejillas,
llegué trayendo frutos de la yunga
a cuatro semanas de ayuno.
Recibiéronme: Mi hija partida en dos por Alférez
Quintanilla,
Mujer, de conviviente de él. Dos muertos a látigo.
Oh, Pachacámac, y yo, a la Vida.
Así morí.

VI

Y de tanto dolor, a siete cielos,
por sesenta soles. Oh, Pachacámac,
mujer pariendo mi hijo, le torcí los brazos.
Ella, dulce ya de tanto aborto, dijo:
“Quiebra maqui de guagua, no quiero que sirva
que sirva de mitayo a Viracochas”,
Quebré.


VII

Y entre Curas, tam, unos pareciendo diablos, buitres, había.
Iguales. Peores que los otros de dos piernas.
Otros decían: “Hijo, Amor, Cristo”.
Y ellos: “Contribución, mitayo a mis haciendas,
A tejer dentro de Iglesia, aceite para lámpara,
cera de monumentos, huevos de ceniza,
doctrina y ciegos doctrineros.
Vihuela, india para la cocina, hijas para la casa.
Así dijeron. Obedecí.


X

En obraje de telas, sargas, capisayos, ponchos,
yo, el desnudo, hundido en calabozos, trabajé
año cuarenta días,
con apenas puñado de maíz para el pulso
que era más delgado que el hilo que tejía.
Encerrado desde la aurora hasta el otro claror,
Sin comer tejí, tejí.
Hice la tela con que vestían cuerpos los Señores
que dieron soledad de blancura a mi esqueleto.
Y Día Viernes Santo amanecí encerrado,
boca abajo, sobre telar,
con vómito de sangre entre los hilos y lanzadera.
Así, entinté con mi alma, llena de costado,
La tela de los que me desnudaron.

“Porque no hemos venido a vivir en la tierra. Sólo venimos a soñar. Sólo venimos a amar aquí, en la Tierra”.
XIII

Y tam, si supieras, amigo de mi angustia,
cómo foeteaban cada día, sin falta.
“Capisayo al suelo, calzoncillo al suelo,
tú, bocabajo, mitayo. Cuenta cada latigazo”.
Yo, iba contando: 2, 5, 9, 30, 45, 70.
Así aprendí a contar en tu castellano,
con mi dolor y mis llagas.
En seguida, levantándome, chorreando sangre,
tenía que besar látigo y mano de verdugos.
“Dioselopagui, Amito”, así decía de terror y gratitud.

XXIII

Pero un día volví. ¡Y ahora vuelvo!
¡Ahora soy Santiago Agag, Roque Buestende,
Mateo Comaguara, Esteban Chuquitaype, Pablo Duchinachay,
Gregorio Guarlatana, Francisco Nati-Cañar, Bartolomé Dumbay!

Y ahora, toda esta Tierra es mía.
Desde Llaguagua hasta Burgay;
Desde Irubí hasta Buerán;
Desde Guaslán, hasta Punsara, pasando por Biblián.
Y es mía para adentro, como mujer en la noche.
Y es mía para arriba, hasta más allá del gavilán.


XXIV

¡Vuelvo, Alzome!
¡Levántome después del Tercer Siglo, de entre los Muertos!
¡Con los muertos, vengo!
La Tumba India si retuerce son todas sus caderas
sus mamas y sus vientres.
La Gran Tumba se enarca y se levanta
después del Tercer Siglo, dentre las lomas y los páramos,
las cumbres, los yungas, los abismos,
las minas, los azufres, las cangaguas.


Regreso desde los cerros, donde moríamos
a la luz del frío.
Desde los ríos, donde moríamos en cuadrillas.
Desde las minas, donde moríamos en rosarios.
Desde la Muerte, donde moríamos en grano.


XXV

Regreso
¡Regresamos! ¡Pachacámac!
¡Yo soy Juan Atampam! ¡Yo, tam!
¡Yo soy Marcos Atampam! ¡Yo, tam!
¡Yo soy Marcos Guamán! ¡Yo, tam!
¡Yo soy Roque Jadán! ¡Yo, tam!

Comaguara, soy. Gualanlema, Quilaquilago, Caxicóndor.
Pumacuri, Tomayco, Chuquitaype, Guartatana,
Duchinachay, Dumbay, ¡Soy!
¡Somos! ¡Seremos! ¡Soy!

*(Cuenca 1917 – Caracas 1967) Literato ecuatoriano nacido en Cuenca. De rigen modesto, tiene que abandonar sus estudios para desempeñar diversas ocupaciones. De tinte neorromántico y surrealista, su obra exalta los valores originales del Indio Americano. Publica en los años cuarenta: Oda al Arquitecto, Conexiones de Tierra, La Corteza Embrujada etc. Formó parte del grupo literario Madrugada y a partir de 1951 vivió en Venezuela, donde ejercería como periodista y reafirma su carrera como escritor y poeta. Se suicidó en Caracas en 1967.

El extenso poema Boletín y Elegía de las Mitas, es una radiografía de la tragedia histórica que tuvo y tiene que enfrentar la población indígena, durante la Colonia y la República.

1 comentario:

Leo Le Gris dijo...

De lejos el post más visitado de este blog y mirá, el menos comentado. así es la vida, tengo el texto completo en Wrd por si les interesa ;)

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